miércoles, 9 de septiembre de 2009

Amalia...



Era de mañana pero en su corazón todavía reinaba la oscuridad de la noche. Mientras recorría la casa que en unos minutos tendría que abandonar, los recuerdos invadían su mente. Como una película evaluaba su vida; y por mas que trataba de encontrar razones para su desgracia no podía encontrar una que disculpara que su esposo la abandonara con un pequeñito de apenas 2 anos.

El se fue y se llevó consigo los deseos de vivir de Amalia. Con su traición también termino con la ilusión de un futuro brillante y la autoestima de quien fuera una líder en su iglesia y en su comunidad. Llevada por su dolor, Amalia dejo la iglesia y decidió cortar con cualquier lazo que le recordara que alguna vez perteneció a dicho lugar.

El historia de Amalia se repite cada día. Cada uno de nosotros ha conocido al menos una persona que ha dejado la iglesia por decepción, por alguna situación difícil por la que ha pasado y por haberse sentido abandonada/o por los que dicen ser sus hermanos. En muchos casos la persona llega a culpar a Dios por su tragedia. Sin embargo es importante para las damas lideres de ministerios femeninos el estar preparadas para hablar con estas damas de una forma amorosa de manera que les traigamos a los pies de Jesús sin hacerlas sentir culpables por haberse alejado.

Una de las historias que pueden ser utilizadas para esta importante tarea es contada por el profeta “llorón”, como le llaman algunos. Yo prefiero llamarle el profeta sentimental, sensible al dolor de su pueblo. Jeremías, en el capitulo 18, cuenta como Dios le da la orden de ir a casa del Alfarero porque allí habrá un mensaje para el.

Sabemos que Jeremías hizo como le fue dicho y encontró un hermoso mensaje para el pueblo de Israel. Dios es el alfarero y en un instante El podía destruir al pueblo y reconstruirlo si ellos se arrepentían de su maldad. Hermoso mensaje para el pueblo y también para nosotros. Como ayer Dios puede hoy tomarnos y reconstruirnos en un instante. Aunque comentamos errores, El es capaz de moldearnos y hacer grandes cosas con nuestras vidas.

Pero para mi la parte mas importante de este capitulo es versículo 4, de hecho, es la pequeña parte que dice “Y la vasija de barro que el hacia se echó a perder EN SU MANO.” Si Dios se compara a si mismo con el Alfarero y a nosotros con el Barro, entonces es claro que el hecho de estar en sus manos no significa que no nos vamos a “romper”, que no vamos a cometer errores, que no vamos a sufrir, que no seremos decepcionados por la vida, que no seremos victimas de las circunstancias.

Amalia entendió, varios años después que su vida se “rompió” pero se “rompió” EN SU MANO. Dios no tenia la intención de dejarla así, rota, El como el Gran Alfarero tenía el poder de tomarla nuevamente y hacer de ella un hermoso vaso. Pero Amalia decidió huir de El porque no creía que habían grandes planes para ella. Y una vez Amalia reconoció su error y regresó a las manos de ese gran Alfarero, El la tomó en sus brazos e hizo de ella una vasija sumamente Hermosa. Amalia…

Este tema es parte del seminario “Hermosas en Sus Manos”. Invita a la oradora zoraida.velez@gmail.com